martes, 1 de julio de 2014

INICIO. JULIO 2014. Desairando la propuesta matrimonial del apuesto Amador Carmona, quien la ama sinceramente, llena de sueños e ilusiones, Marta Ledezma cree en las promesas de Arturo Montesinos, un hombre que solo desea poseerla a sabiendas de que su mejor amigo, Amador, la ama. Marta se entrega a Arturo y al descubrir que está embarazada se casan y todo parece marchar bien hasta que ella da a luz a su primer hijo, Juan Pablo, en quien ella descarga todas sus atenciones, llenando de celos a Arturo, quien pareciera despreciar a su hijo y recrimina a su esposa el que lo haya desatendido a él, por lo que pierde el tiempo fingiendo que trabaja cuando en realidad solo se lo pasa en tugurios con rameras, apostando el poco dinero que le entrega mensualmente Elena, su madre, quien desprecia a Marta por saberla de una clase distinta a la suya y le recrimina el haber engatusado a su hijo. Sin embargo la mujer sigue amando a su marido, muy a pesar de que Amador le asegura que éste no trabaja y solo se lo pasa divirtiéndose, por lo que la mujer decide terminar su amistad con el hombre y le hace saber a su marido lo que éste le ha dicho, por lo que Arturo prohíbe a Amador que se vuelva a acercar a su familia. Éste así lo cumple y luego de unos años Marta queda embarazada nuevamente y pareciera que Arturo ha decidido sentar cabeza bajo presión de Augusto, su padre, quien decide retirarle toda su ayuda pues no le perdona el haberse casado con una chica de clase baja. Pasa nuevamente el tiempo y en el cumpleaños 10 del pequeño Juan Pablo, el descarado Arturo se presenta con grandes regalos para su hijo y el resto de su familia, alegrando a todos efímeramente pues pronto los encargados de cobranza llegan a exigir a Marta que pague las deudas de su marido. Ella acude a sus suegros, quienes la corren de su casa y le advierten que haberse casado con Arturo fue su sentencia de muerte pues por ambiciosa será infeliz al lado de él. La angustiada Marta acude a Amador, quien salda las cuentas de Arturo y le exige a éste que deje de hacer sufrir a su esposa y sus hijos. Ambos hombres terminan su discusión a golpes . Esta vez las lágrimas de Marta son suficientes para que Augusto tome la decisión de acudir a hablar con su hijo, a quien le pide que se olvide de su mujer y le quite a sus hijos pero Arturo asegura amar a su esposa, a quien Augusto ofrece dinero para que marche lejos sin que ella acepte la oferta, suplicando a su marido que haga algo para sacarlos a ella y sus hijos adelante. El desobligado hombre acude a su madre, quien se niega a darle ayuda pues no le perdona el que se haya casado con una mujer a la que ni ella ni Augusto aceptaron nunca por considerarla una arribista. Para olvidarse de sus problemas, el hombre se desfoga con Rebeca, su sensual amante y frente a la cuál llora confesando que no se casará con ella pues ama a Marta. Rebeca sufre en silencio por el amor del hombre, pues sabe que éste nunca dejará a su esposa, a la que maldice, jurando que hará lo que sea con tal de separarla de su amado.

Elena se encarga de decirle a Marta que Arturo la engaña con otra pues siempre ha tenido debilidad por las mujeres, principalmente las vulgares, como ella. La abnegada Marta sufre por el desprecio de su suegra y pronto descubre en la ropa de su marido que éste ha estado con otra mujer. Le reclama y él la maltrata asegurando estar harto de ella y de sus padres, por lo que la mujer se refugia en sus hijos, a los que abraza vuelta un mar de lágrimas. Pronto se alarma cuando Rebeca aparece ante ella para confesarle ser la amante de su marido y aconsejarle que lo deje y busque la felicidad al lado de alguien más. Marta sufre mas confiesa a su rival que el amor es para siempre y por eso es bendecido en una iglesia. Las escucha Amador, quien le confiesa que lo que ha dicho es verdad y que el la amará para siempre, sin importarle cuanto tenga que esperar por ella. Están a punto de besarse pero Marta evita caer en la tentación.

Al enterarse de la conversacióne entre Rebeca y su esposa, Arturo acude a abofetear a su amante y así terminar su relación. Ella le suplica de rodillas que permanezca a su lado pues en realdiad no ama a Mónica pero el hombre decide despreciarla. Furiosa por la reacción del hombre, la rencorosa Rebeca le jura que si no le cumple lo matará, pidiendo a su primo, Damián, que se encargue de darle un escarmiento a Arturo. Este amenaza al hombre, quien también le debe dinero y se niega a pagarle. Ambos discuten y Arturo se atreve a asegurar a Damián que sabe que él y Rebeca no son primos, si no amantes. Cuando Rebeca lo sabe, se alarma y culpa a su amante del rompimiento con Arturo. Damián sin embargo la besa y le pide que se marchen juntos al norte del país, donde pueden comenzar una nueva vida pero la mujer se niega a perder a Arturo. No sospecha que Damián intenta extorsionar a Augusto y Elena, quienes reclaman a su hijo el hacerse de pésimas amistades, culpando a Marta por ello. Arturo pronto descubre la patraña del supuesto primo de su amante, al que se enfrenta a golpes para exigirle que deje de extorsionar a sus padres y también se aleje de la mujer pero Damián no está dispuesto y al quedar muy herido jura que se vengará pues Rebeca será solo suya.

Amador hace una visita a Juan Pablo y Aldo, los hijos de Marta y Arturo, enterándose de la mala relación del matrimonio pues el hombre cada día se vuelve más agresivo y se hunde en el alcohol, llegando hasta a ser rechazado por su propia familia.

Elena sufre por la situación de su hijo más calla debido al carácter de Augusto, quien considera que es necesario que su hijo sufra un escarmiento por desafiarlos y haberse casado con una mujer como Marta, quien no es de su misma clase y solo lo atrapó para apoderarse de la fortuna que heredará cuando ellos mueran. Elena piensa en sus nietos y cree que quizás por ello deben darle una oportunidad a la mujer pero Augusto es tajante en sus decisiones.

Marta recibe una llamada de Rebeca, quien le dice que tiene algo importante qué decirle sobre su marido por lo que la angustiada esposa acude a donde la mujer la cita. Allí, Rebeca le muestra unas fotos donde aparece con Arturo y también la invitación a su boda, asegurando que se casará con él. Sin poder creerlo, Marta llora y sale corriendo del lugar, mientras que la vengativa Rebeca, aunque goza por su engaño, sufre por el amor del hombre, pues lo ama obsesivamente y no desea perderlo, situación que llena de odio contra el hombre a Damián, quien no tolera que la mujer a la que ama sufra por alguien que jamás le corresponderá como merece.

Amador pide a Arturo que se reivindique al menos por sus hijos. Arturo está perdido y jura al hombre que dejará a Rebeca para volver a comenzar de cero y hacer feliz a Marta, quien llega y con llanto le reclama el haberla engañado e irse a casar con una mujerzuela. La mujer es consolada por Amador y cuando reacciona se da cuenta de que su marido se ha ido. Llueve y eso no le impide que decida ir a buscarlo acompañada de su amigo, el cual le ruega que huya con él y deje a Arturo en el pasado pues éste no la merece. Marta se niega rotundamente pues no desea que sus hijos crezcan sin su padre. No logran encontrarlo y mientras buscan ella asegura que no permitirá que su marido la abandone así sea lo último que haga en la vida. Lo ve a lo lejos en un callejón y sale del auto de Amador, quien escucha en disparo y los gritos de su amiga por lo que desciende del auto y al introducirse en el lugar encuentra a la mujer con una pistola en la mano y Arturo muerto. La mira como si fuera culpable del crimen y la mujer jura que no es así y que ella vio como alguien más le disparó a su marido. Aún así Amador, quien es abogado, llama a la policía y la viuda es detenida y acusada de haber asesinado a su marido. En el reclusorio, recibe a Augusto, quien la acusa de ser la asesina de su hijo así como tener intenciones de hacerle pagar con todo el peso de la ley, moviendo de inmediato sus influencias. La mujer suplica al hombre que, por piedad, cuide de sus hijos mientras ella comprueba su inocencia. El hombre le jura que esa inocencia jamás será probada y junto con Elena, quien sufre por la muerte de su hijo, acude por los menores, asegurando que éstos sabrán que su madre y padre han muerto y que nunca más los volverán a ver pues él se encargará de que sus nietos nunca se enteren de que su madre es una asesina. Y así lo hacen, causando un gran dolor a Juan Pablo, el cual se niega a aceptar el haber perdido a su familia.

Amador defiende a Marta en un juicio pero todas las pruebas la acusan por lo que es declarada culpable y condenada a cadena perpetua. Este suceso hace que Augusto diga a la mujer que para sus hijos ella ha muerto y nunca en la vida los volverá a ver, por lo que tendrá que olvidarse para siempre de ellos. Tras las rejas, la angustiada madre llora con amargura pues es inocente y cree que la vida es injusta con ella al separarla de sus hijos. Amador le promete que no descansará hasta comprobar su inocencia para que recupere su libertad y también a sus hijos pero ella parece no tener fuerzas y cree que lo ha perdido todo sin embargo el enamorado abogado le asegura que todavía no ha perdido su amor, pues él la amará para siempre.

Cuando Rebeca lee en los diarios que Marta está en la cárcel pagando por el asesinato de Arturo, se siente devastada y acude al reclusorio para culpar a su rival, quien asegura ser inocente de ese crimen. Entonces marcia reclama a Damián, al que culpa de ese crimen pero el hombre se presume inocente y asegura que si Marta se encuentra en la cárcel es porque se demostró que ella es culpable. La besa y le hace ver que ya no hay nada ni nadie que se interponga entre ellos. La mujer sin embargo lo rechaza por lo que Damián, furioso, la toma por la fuerza y le jura que jamás se librará de él.

Augusto y Elena se encargan de arreglar los documentos necesarios para adoptar a sus nietos, a los que dicen que desde ese momento ellos serán sus padres. Juan Pablo se niega a aceptarlos seguro de que los adultos solo son sus abuelos. Elena intenta hacerle ver que su hermano menor necesita de figuras materna y paterna, por lo que debe hacer el sacrificio por él pero el rebelde Juan Pablo no hace más que exigir la presencia de su madre, llorando en soledad por su ausencia.

Marta comparte su celda con Odette, una mujer vulgar que también está encerrada por una injusticia y a quien le muestra la foto de sus hijos, desahogándose con su compañera pues cree que veinte años se le harán una eternidad. Odette le aconseja que sea paciente y rece mucho, pues solo a través de la oración podrá sanar sus heridas y perdonar a sus deudores.

Amador pide a Augusto y Elena que dejen que Marta vea a sus hijos pues tiene ese derecho. El matrimonio se niega pues odian a la mujer por haber matado a su único hijo por lo que de ella no quieren saber absolutamente nada. El abogado termina aceptando las imposiciones del matrimonio y, por ser padrino de Juan Pablo, pide frecuentarlo y ese deseo le es concedido a pesar de que Elena teme a que el abogado hable con el niño de su madre. Y no se equivoca pues un día Amador pide permiso para llevar al niño a dar un paseo y lo lleva a la cárcel, advirtiéndole que esa es la escuela en la que estudia su madre. Marta llora al tener a su hijo en brazos y éste, serio, le dice estar seguro de que ese lugar no es una escuela, si no una cárcel. La mujer se aferra al niño y llora amargamente su desgracia, asegurando ser inocente y estar pagando por un crimen que no cometió. Juan Pablo le confiesa que le cree y le ruega que salga pronto del horrible lugar.

Augusto piensa en el pasado y llora en soledad lleno de remordimientos, creyendo que si quizás hubiera apoyado a su hijo éste seguiría con vida. Maldice a Marta por haberlo matado y jura que nunca dejará que vea a sus hijos ni los recupere.

Elena sufre el rechazo de Juan Pablo, quien se niega a aceptarla como madre seguro de que su madre se llama Marta y se encuentra en la cárcel. La mujer se aterra y se lo dice a Augusto, quien exige al niño que le diga cómo es que lo supo. Éste le dice que Amador lo llevo a verla por lo que el hombre, furioso, seguro de que nunca podrán deshacerse de Marta si permanecen el la ciudad, compra una finca en la provincia, a donde decide mudarse con su familia. Cuando Amador se entera de que la familia se ha mudado, se lo hace saber a Marta, quien llora creyendo que nunca más volverá a ver a sus amores.

Después de muchos años, en un penal de la época actual. Marta recibe la visita de Amador, con quien se desahoga pues ha pasado mucho tiempo y pareciera que falta todavía una eternidad para conseguir su libertad. El abogado la toma de las manos y le promete que no descansará hasta demostrar su inocencia.

En la ciudad de Puebla, unos chiquillos pelean en la calle y son separados por el joven y apuesto sacerdote Juan Pablo Montesinos, quien los hace reconciliarse y al estar en la iglesia se pregunta qué será de su madre, rogando a Dios que reconforte su alma y la colme de bendiciones a pesar de estar en una cárcel. Es sorprendido por el padre Zacarías, quien le recuerda que pronto será el cumpleaños de su madre y debe acudir a felicitarla. El joven sacerdote, molesto, asegura no tener ninguna madre y no querer prestarse a ninguna farsa con la que él siempre ha estado en desacuerdo. Zacarías le pregunta porqué jamás ha ido a buscar a su madre a la capital, pues sabe muy bien donde se encuentra. Furioso, Juan Pablo afirma que nunca perdonará a la mujer el haber matado a su padre y con ello condenarlos a él y su hermano menor a vivir al lado de sus abuelos, los cuales hicieron todo lo posible para que ellos la olvidaran, lograndolo únicamente con Aldo, quien después de culminar sus estudios de arte en el extranjero regresa al país lleno de ideas liberales que incomodan a Augusto y Elena, quienes le exigen respeto dentro de su casa. Aldo siempre ha sido recriminado por Augusto, quien no le perdona el haber estudiado arte así como tampoco perdona a Juan Pablo el haber elegido la vida sacerdotal. No obstante, a pesar de su frialdad y dureza los quiere, aunque constantemente se lamenta ante Elena por no haber logrado que éstos o Arturo, siguieran sus pasos e hicieran su voluntad. Nadie sospecha que Aldo tiene un secreto que teme revelar por temor a sufrir el rechazo de su familia y, sobre todo, la desaprobación de su hermano, quien lo abraza al verlo y se niega a regresar a vivir con sus padres, cuando el recién llegado se lo propone.

Amador da con el paradero de Rebeca quien vuelta la madrota de una casa de citas le dice que siempre sospechó que Damián fue el responsable de la muerte de Arturo, revelando los problemas que el difunto tenía por sus deudas de juego por lo que Damián es buscado y detenido, así como culpado de muchos crímenes, por lo que confiesa haber asesinado a Arturo, por lo que al demostrarse la inocencia de Marta, ésta queda en libertad y Amador la lleva a reencontrarse con una vieja amiga: Odette. Las mujeres se abrazan, celebran, pero no todo es felicidad, pues Marta desea ver a sus hijos y sabe que Augusto y Elena Montesinos han sabido ocultarlos muy bien, por lo que será difícil encontrarlos, aunque sabe que en caso de hacerlo Augusto hará todo lo posible para que ella nunca pueda recuperar a sus hijos. Se instala en el pequeño departamento de Odette, a quien agradece y cuenta la urgencia que tiene por encontrar un trabajo. Odette le pregunta si ahora que está libre se decidirá por hacerle caso a Amador quien ha esperado por ella durante años. La respuesta de la mujer es negativa pues ella solo desea encontrar a sus hijos y recuperarlos. Odette le hace ver que tiene derecho a rehacer su vida pues quizás no logre encontrar a sus hijos nunca pero la mujer no pierde la esperanza y jura que así se lleve la vida entera los buscará y eso será su primordialidad, aun sobre un sobre el amor que cualquier hombre pueda ofrecerle, ya que el amor de una madre a sus hijos, y viceversa, es para siempre.

Elena discute con Juan Pablo, quien le recuerda que los dos saben perfectamente que él no es su hijo ni Aldo tampoco, aunque ignore absolutamente todo lo que sucedió. La mujer llora y le pide que no sea injusto pues ella y Augusto solo quisieron protegerlos. El sacerdote se disculpa y promete que visitará su casa, donde Aldo conoce al jardinero, Neftalí, con quien entabla una amistad para luego asombrarse cuando sin querer lo sorprende desnudo, cambiándose de ropa, por lo que lo espía y después a solas se culpa por sus deseos y pensamientos. Cual es su sorpresa cuando Augusto le pide que busque una chica de su clase para que se case. Aldo finge entusiasmo pero después confiesa a Trinidad, la sirvienta, que él no desea casarse nunca. Sale de casa y se encuentra con Neftalí, quien le invita unos tragos y le ofrece su amistad. Después busca a Juan Pablo, a quien asegura tener pasiones que muchos consideran insanas y que pueden lastimar a sus padres. El sacerdote le asegura que él lo seguirá queriendo igual sin importarle de qué tipo puedan ser sus pasiones.

Marta busca trabajo pero nadie la contrata debido a sus antecedentes penales. Se desahoga con Amador, quien le ofrece a ayudarla pero la mujer se resiste. Decidido, el hombre le propone matrimonio y una vez más es rechazado. Entonces se encarga de buscarle trabajo en un restaurant, donde la mujer labora si acercarse a sus compañeros, despertando sospechas. Solo se desahoga con Odette, quien tiene deseos de usar todos sus ahorros y abrir un restaurant o un pequeño hotel en la ciudad en que nació por lo que propone a Marta que las dos se asocien pero la primera desea permanecer en la ciudad, pues desde ahí le es más facil tener noticias de sus hijos.

En la fiesta de cumpleaños de Elena, Aldo conoce a liberal Carolina Goncálvez, a quien Augusto ha elegido para que su hijo se case. Aldo deja claro a la muchacha que él no está interesado en comenzar una relación y ella le propone que sean amigos y en esa misma fiesta conoce a Franco Santionela, un hombre mayor que ella y que le atrae por lo que coquetea con él hasta que se encuentran en el jardín. A solas, ella confiesa la fuerte atracción que siente hacia él y lo besa. El hombre, cazador experto, la toma en sus brazos y la besa apasionadamente. Él confiesa estar casado pero a la muchacha eso no le importa y asegura que él no es el primer casado con el que se enreda, mientras que sus padres, Braulio e Isabel, quienes la creen de una moral intachable.

Leticia, la esposa de Franco, es una recién casada insegura y celosa de su marido, al cuál cree capaz de serle infiel con cualquier otra mujer. Discute de ello con su hermano, Rodrigo, quien le aconseja que, si está segura de las infidelidades de Franco, entonces ella haga lo mismo y no olvide que si se casó con él fue precisamente por su fortuna, así ninguno de ellos tendrá la necesidad de trabajar. Leticia se molesta ante el cinismo de su hermano, al que promete que algún día Franco se cansará de mantenerlo.

Marta sufre por el recuerdo de sus hijos y Odette le dice que ha hecho el negocio de su vida: Comprar una pequeña posada la cuál manejará y levantará en Puebla, por lo que pide a su amiga que sea su socia y trabajen juntas. Marta se niega pero cuando Odette le hace ver que debe olvidarse de su pasado, comenzar de nuevo y que después de todo Puebla no está nada lejos de la capital, acepta, por lo que se mudan y comienzan la reparación del edificio para dejarlo como nuevo, causando gran alegría a Amador, quien las apoya y habla con su madre, Paloma, a la que confiesa ser el hombre más feliz del mundo. La mujer acude a conocer a Marta, a quien ofrece su entera amistad, volviéndose las dos grandes amigas. Al visitar la iglesia, juntas, Marta está a punto de encontrarse cara a cara con Juan Pablo pero es abordada por el padre Zacarías, con quien se confiesa y al que revela su sufrimiento por no poder estar cerca de sus hijos. Ofrece a la virgen un ramo de flores, deseando que proteja a sus hijos donde quiera que estén.

Augusto discute con Aldo, quien le reprocha el ser duro con él. Augusto le asegura no estar ciego como Elena, pues sabe que en realidad no estudió absolutamente nada en el extranjero y solo se dedicó a derrochar su dinero. El chico revela cuanto odio siente hacia su padre y discute con Elena, quien sufre cuando el chico le dice cuanto desearía tener otra madre, así fuera una asesina. La mujer lo abofetea y está a punto de decirle la verdad pero Augusto la sorprende y le prohíbe que hable del pasado, el cual ha quedado enterrado, mientras que Aldo busca desesperadamente a Neftalí, al que sorprende desnudo, bañándose. El jardinero se percata de lo que sucede y abre la bañera. Da la espalda al joven patrón y lo invita a bañarse el también. Terminan besándose y desde ese momento comienzan un romance en secreto.

Isabel aconseja a Carolina que enamore a Aldo. La chica, burlona, asegura que el chico jamás pondrá los ojos en ella ni en nadie más pues es gay. La asustada madre, chismosa, de inmediato comienza a comunicarlo entre sus amistades y Braulio le advierte que se meterá en serios problemas si insiste en desprestigiar a las personas.

Al hotel de Marta y Odette se presenta Simón, un singular y apuesto muchacho al que las mujeres contratan como su ayudante, mismo al que Odette se la pasa tocando constantemente pues no puede evitar impresionarse ante la musculatura del hombre. Marta por su parte se presenta en la iglesia donde pide la virgen que ella, como madre, cuide de sus hijos, a los que quizás nunca vuelva a ver y los cuales le ofrece con las flores que le ha llevado, y que llevan los nombres de los muchachos. Se topa con Juan Pablo, el cuál le pide que no llore y la consuela. Ella se marcha y el joven sacerdote se pregunta cómo se llamará esa mujer, así como también se custiona qué será de su madre, viviendo en la cárcel. Al caminar por el barrio se topa con Odette, quien la invita a conocer su hotel y le pide que en la inauguración él les de la bendición. El sacerdote se sorprende al ver a Marta, a quien Odette presenta como su socia y la encargada del restaurant, afirmando que la mujer es estupenda como cocinera. 

Zacarías cena con Odette y Marta y cuando el sacerdote pregunta el nombre de la mujer, ésta asegura llamarse Esperanza. Odette le sigue el juego ante el padre, quien no deja de contemplar a Marta sin revelar porqué le ha causado tanta impresión. Lo mismo sucede con la mujer, la cual al escuchar el nombre del sacerdote recuerda a sus hijos. Cuando éste se marcha, piensa muy bien en lo que piensa Odette, la cual le pregunta qué haría si descubriera que su hijo mayor fuera tan guapo y, sobre todo, sacerdote.

Augusto hace negocios con Franco, al que pregunta por Leticia, a quien el hombre disculpa y de quien se expresa como una mujer poco inteligente mientras que ésta insista a Rodrigo con el creer que su marido le es infiel. Rodrigo, vividor y mezquino, se ríe de ella y le aconseja que reserve sus obsesiones para después y acepte que su marido tenga las amantes que quiera mientras que a ella no le falte nada. La mujer luego discute con Franco por el poco tiempo que éste le dedica desde que se casaron y supieron que jamás podrían ser padres. El hombre la besa. Le jura amarla mas estar muy ocupado con sus negocios. La muchacha de nuevo se refugia en Rodrigo, el cuál le aconseja que, si lo que quiere es quien le de amor y caricias, se busque un amante. Leticia se niega, segura de que encontrará a la amante de Franco y la hará pagar, sin sospechar que esa amante es Carolina, con la que el hombre vive intensos encuentros pasionales.

Amador lamenta que Marta no pueda verlo como hombre y que su primordialidad sea encontrar a los hijos que él mismo ha buscado sin éxito. Paloma le pide que ea fuerte y comprenda a la mujer, pues ya le ha demostrado que la ama pero ella, como madre, tiene la necesidad de recuperar a sus vástagos y estrecharlos en sus brazos.

Elena descubre que entre Aldo y el jardinero existe algo por lo que se dedica a espiarlos, descubriéndolos besándose. Se aterra pero calla y sufre en silencio, asegurando que el muchacho es una mala entraña, tan malo como el hombre que lo engendró. Intenta decir a Augusto lo que sucede pero solo llora y calla, pidiendo después a Trinidad que despida a Neftalí y busque otro jardinero. Cuando Aldo se entera, discute con Elena, a a que reclama el despedi injustamente al jardinero. Augusto interviene y exige a su hijo que no discuta con la mujer y no defienda a un simple jardinero. Eugenia revela a su marido sentir miedo y angustia. Se pregunta qué será de Marta Ledezma y cómo las cosas serían diferentes si la mujer no hubiera asesinado a su hijo. La maldice y jura que nunca la perdonará. Al encontrar una vieja agenda, encuentra el número telefónico de Amador y le marca. Al escucharlo no le responde y él pregunta si es Marta, y si tiene algun problema en el hotel. Aterrada, Elena cuelga y se lleva las manos al pecho pues ha descubierto que Marta ha salido de la cárcel. Cuando acude, de prisa, a decirselo a Augusto, se lleva una espeluznante sorpresa al ver a Aldo besándose con Neftalí, al que abofetea vilmente y la acusa de ser un pervertido que ha arrastrado a su hijo. El joven jardinero intenta explicar a la mujer que él ama a su hijo pero ella se niega a escucharlo y lo corre para después amenazar a Trinidad con despedirla si deja entrar a al muchacho, mientras que Aldo llora lleno de frustración y prepara sus maletas para irse. Elena lo detiene y amenaza con decirle a su padre lo que sabe de él, si decide ir en busca de neftalí para seguir con su pecaminosa pasión, asegurándole que Augusto no tendrá piedad y lo obligará a casarse con Carolina, pues ya ha apalabrado su matrimonio con Braulio. Lleno de frustración, Aldo busca a Juan Pablo, con el que se desahoga. El joven sacerdote lo invita a vivir con él y alejarse de sus padres pero lo cierto es que Aldo no desea incomodarlo y menos compartir la casa con Zacarías, quien es de ideas conservadoras.

Neftalí se encuentra con Simón, ante el cual lamenta haber perdido su trabajo como jardinero y Simón lo presenta con Odette, a la que pide que contrate a su amigo. La mujer, pícara, cree que teniendo a dos ayudantes tan apuestos quizás ayude a las ventas del hotel. Al saber que Neftalí sabe de cocina, lo presenta con Marta, quien decide contratarlo como su ayudante.

Juan Pablo cuenta a Zacarias sobre su fijación en Marta y asegura que esa mujer lo hace sentir algo extraño. Expresa tantas maravillas de ella que Zacarías le pregunta si se ha enamorado de esa mujer. El joven cura ríe, lo niega y visita a la mujer, quien le cuenta lo difícil que ha sido la vida para ella. Él toma su mano y le ofrece su amistad y su hombro para cuando desee desahogarse. La mujer llora pues el sacerdote le recuerda a su hijo. Juan Pablo le besa las manos, le acaricia el rostro, y son sorprendidos por Amador, quien, celoso, después pregunta a la mujer si tiene amoríos con el sacerdote, recibiendo a cambio una fuerte cachetada. Se marcha, furioso. No escucha a Odette, quien intenta decirle que su amiga ve en el sacerdote a su hijo mayor. Amador ahoga las penas emborrachándose y llama por teléfono a su madre, quien le aconseja que permanezca en Puebla y no vuelva a la capital hasta no haber arreglado su situación con Marta.

Aldo busca a Carolina y le hace saber que desean casarlos y ya todo se encuentra areglado por sus padres. La muchacha pide a su madre que la defienda pero Isabel le asegura que debe velar por su futuro. La mujer no deja de comentar ante sus amistades que Aldo al parecer es gay y cuando es sorprendida por Elena, esta, delante de todos, le recuerda que ella y su marido no eran nadie hasta que Augusto los ayudó y los rescató de la miseria en que vivían, echándole en cara el que les pague desprestigiando a su hijo.

Marta le cuenta a Odette de sus sensaciones mientras que Juan Pablo dice a Zacarías que puede leer la bondad de la mujer en sus ojos, pues se ha dado cuenta de que sufre por algo que la atormenta. Zacarías le advierte que se ande con cuidado pues relacionarse demasiado con ella podría causarle problemas. Al muchacho eso no le importa y cada vez se acerca más a la mujer, hasta escucharla hablar con Odette de su hijo. El joven sacerdote le pide que le hable de ese hijo que tiene pero la mujer, llorando, se niega, asegurando que hablar de su pasado le resulta doloroso.

Elena cree que quizás es mejor que Aldo sepa la verdad de su origen pues solo así dejaría de rechazarla como madre y comprendería todo. Augusto se opone rotundamente y jura que su nieto jamás sabrá la verdad. Elena le cuenta al hombre sobre el romance que hay entre Aldo y el jardinero. Enfurecido, el hombre se niega a creer lo que su esposa le revela y desde ese momento el matrimonio no se atreve a mirar a los ojos a su hijo.

AGOSTO 2014Leticia y Franco cada vez discuten más por la infidelidad de éste, que no deja de frecuentar a Carolina. Al percatarse de la situación del matrimonio, cuando Rodrigo conoce a Simón decide presentárselo a su hermana, la cual se niega a prestarse a los juegos del hombre, quien pide a Simón que enamore a Leticia a cambio de una fuerte suma de dinero pero ete se niega pues en el fondo se ha enamorado de Marta, a quien Aldo conoce por medio de Neftalí, a quien revela que su familia ya sabe de su homosexualidad. Neftalí pide al muchacho que calle y no diga nada pues lo podría perjudicar en el pueblo. Son sorprendidos por Marta, quien al saber el nombre del muchacho lo invita a tomar algo, recordando a su hijo menor, el cual ve reflejado en él, que le confiesa su homosexualidad y se sorprende cuando la mujer le dice que a ella no le importaría que su hijo fuera como él, si no que, al contrario, se sentiría orgullosa y lo apoyaría para que defendiera su amor, si finalmente el amor está lleno de esperanza. Ambos se dan un fuerte abrazo y Aldo revela a Marta desear haber tenido una madre como ella. La mujer llora y busca a Amador, al que asegura no resistir más y querer buscar realmente a sus hijos. El hombre la abraza y se atreve a besarla, siendo correspondido.

Preocupada, Elena revela a Juan Pablo de las inclinaciones de su hermano. El sacerdote la sorprende al confesarle que siempre ha sabido cuales son las preferencias de su hermano y esatr dispuesto a apoyarlo sea cual sea la elección de su vida. Asustada, la mujer recuerda al joven que es un hombre de Dios y no debe estar de acuerdo con el pecaminoso comportamiento de su hermano. Juan Pablo asegura que Dios bendijo el amor, sin importarle cual fuera la forma que éste tomara. Tras discutir con su madre sale a caminar y se encuentra con Marta, quien le revela que ve en el al hijo que le arrebataron hace muchos años. Ambos lloran pues él revela que también su madre le fue arrebatada.

Simón confiesa a Odette que se ha enamorado de Marta, a quien habla de sus sentimientos pero ella lo rechaza, confesando que en caso de enamorarse lo haría de alguien a quien conoció hace muchos años y dejó en la ciudad. Aconseja al joven Simón que intente hacer su vida con alguien que le convenga. Cuando Simón atraviesa por un momento sumamente difícil y pierde tanto su casa como sus ahorros, busca a Rodrigo, dispuesto a aceptar el dinero que éste le ofrece a cambio de enamorar a Leticia, a quien el chico comienza a invitar a salir y lleva al restaurant, volviendo a Odette su cómplice, con engaños.

Carolina no deja de sentir ardiente pasión hacia Franco, al que busca para suplicarle que la haga suya. Ambos arden en pasión y están a punto de ser descubiertos por Leticia.

Amador se topa con Juan Pablo, quien lo reconoce. El muchacho le da un abrazo y le pregunta de su vida, negándose a hablar de su madre, a la que cree una asesina, sin escuchar a su padrino, el cual intenta decirle que la inocencia de ésta se comprobó.

Marta escucha a Neftalí decir que trabajó para los Montesinos. Descubre que se trata de su familia y se lo dice a Odette y Amador, quien le dice que quizás sus hijos sepan la verdad y la odien por creerla culpable de la muerte de su padre. Ella se niega a aceptar esa verdad y se presenta ante Augusto y Elena, a quienes les dice que su inocencia fue comprobada, tal y como ella lo prometió, exigiendo ver a sus hijos. Augusto se opone y Elena no hace más que culparla. Intercede Amador, quien asegura al matrimonio que el verdadero asesino de javier confesó la verdad y se encuentra purgando una condena. Aún así el matrimonio se niega a revelar la verdad a Juan Pablo y Aldo, aformando que éstos saben que su madre está muerta. Ambos muchachos se presentan y entonces Marta los reconoce y se alegra al saber que elos son sus hijos. Se marcha no sin antes jurar a Ealen y Augusto que los recuperará así sea lo último que haga. El matrimonio se preocupa, más cuando Juan Pablo revela tener deseos de buscar a su madre y de la enorme amistad que ahora tiene con “Esperanza”. Augusto se opone a que sus hijos tengan amistad con la mujer y Aldo se revela, asegurando que esa mujer es la madre que él hubiera deseado tener y sale en busca de Neftalí, a quien revela estar cansado de su padre. Los muchachos se entregan su amor.

Odette cree que Marta hace bien en apoyar a su hijo menor pero no el que tema a su hijo mayor, el cura, a quien la mujer cree no será fácil acercársele. Odette busca al padre Juan Pablo, al que cuenta lo mucho que “Eperanza” ha sufrido. Está por revelarle que la mujer estuvo en la cárcel pero la misma Marta lo impide.

Carolina descubre que está embarazada y, alarmada, se lo dice a Franco, quien le prohíbe que tenga a la criatura. Tal motivo hace que discutan y el hombre decida terminar su relación con ella. Carolina le suplica que no la deje. Lo besa y son descubiertos por Leticia, quien abofetea a la muchacha y le jura a su marido que se vengará de él. Franco echa a Carolina y le eige que no lo vuelva a buscar. Ella se desahoga con sus padres, a los que confisa su embarazo pero se niega a revelar quien es el padre del hijo que espera. Isabel y Braulio creen que solo casando a su hija con Aldo podrán librarla de la vergüenza. Llegan a un acuerdo con Augusto, quien anuncia a su hijo que se casará. Aldo se opone y decide escapar con Neftalí, con quien sufre un accidente.

Marta y Elena se enfrentan debido a su rivalidad como madres. Elena solo insulta a su rival, quien le asegura que su hijo, Arturo, era digno de ser un Montesinos, pues no solo era un desobligado sinvergüenza, si no que también era ruín y cruel. Elena intenta bofetear a Marta, quien la detiene y le jura que tanto Juan Pablo como Aldo muy pronto sabrán que ella es su madre.

Leticia acepta entregarse a Simón, descubriendo que éste es un excelente amante. No ospecha que Iván la filma dispuesto a extorsionarla.

Amador pide a Marta que se case con él. Ella se niega pues solo está concentrada en recuperar a sus hijos, a los que ha empezado a acercarse más.

Trinidad asegura a Elena que si la verdad sale a la luz quizás los hijos de Marta la rechacen como abuela por haberles ocultado el paradero de la mujer. Elena amenaza a la sirvienta con echarla si dice una sola palabra.

Aldo sufre un accidente y es enviado al hospital. Cuando Neftalí se lo dice a Marta, esta acude al lugar, llena de angustia, y pide verlo. Augusto se niega rotundamente y prohíbe a los doctores que permitan que la mujer se acerque al chico. Entonces ella grita que es su madre y tiene todo el derecho de estar a su lado, causando un enfrentamiento con Augusto, a quien Elena le hace ver que la mujer tiene razón y no pueden prohibirle nada. El matrimonio llora y Marta después les pide que hagan las paces y arreglen su situación, pero Augusto cree que eso ya es imposible pues entre ellos existe una rivalidad. La sufrida Marta se desahoga con Zacarías, a quien revela que ella es la madre de Juan Pablo y Aldo, sorprendiendo al sacerdote, qulien pide a Amador que deje de verla como una mujer. El joven sacerdote asegura que la devoción que siente hacia “Esperanza” nada tiene que ver con deseo carnal. La encuantra en el hospital y allí ambos hablan de sus vidas y él le asegura que ella le recuerda mucho a su madre. Ambos se abrazan y acuden a Aldo, quien reacciona y al tomar la mano de la mujer la llama “Mamá”, causandole una fuerte emoción que confunde a Juan Pablo, quien en verdad ve en la mujer a su propia madre y se o confiesa a Zacarías, quien le asegura que Dios siempre se manifiesta de maneras misteriosas.

Braulio descubre quien es el hombre que se burló de su hija. Busca a Franco, quien niega que el hijo que Carolina espera sea suyo. El furioso padre lo golpea y aunque sabe que no puede casarse con su hija, pues ya está casado, le exige que asuma su responsabilidad. Franco se niega rotundamente y cuando Braulio se va tiene una fuerte discusión con Ingrid, quien le reprocha el acostarse con otras mujeres. El malvado Franco la abofetea y le confiesa haberse casado con ella por los beneficios que obtuvo por parte de su familia. Le grita cuanto la desprecia y aburre y toma sus maletas para irse lejos. Ella trata de evitarlo pues no puede vivir sin él pero él está decidido y decide que firmarán el divorcio.

Odette y Amador hablan del pasado de Marta en la cárcel, donde sufrió pagando por un crimen que no cometió y haber salido para reecuperar lo que le pertenece. Neftalí los escucha, descubriendo así que la mujer es la verdadera madre de Aldo.

Franco descubre la infidelidad de Leticia y exige a Rodrigo que le diga porqué se lo ocultó. Este no hace más que hacer parecer que no sabía nada y culpar a su cuñado por el comportamiento de la mujer, la cuál actuó por despecho. Franco se niega a que le vean la cara y jura a Leticia que si llega a encontrarla con su amante la matará. Poco tiempo pasa para que esto suceda, pues la sigue y la descubre fornicando con Simón, por lo que el celoso hombre decide acabar con los dos y balacea a su rival. Leticia logra escapar en su auto y el hombre la persigue hasta perder el control y sufrir un accidente en el que muere, llenando de dolor a Carolina , quien confiesa a Isabel no querer tener el hijo que espera. La mujer la alienta para que lo tenga y se case con Aldo, pero ésta se niega rotundamente.

Marta y Odette se alarman al saber que Simón se encuentra gravemente herido en la cruz roja, a donde llegan acompañadas de Amador, el cual se entera de lo que sucedió. Odette pide ver a Simón, con quien bromea por lo que ha hecho al meterse con una mujer casada. Le pide que no muera, pues lo echaría mucho de menos ya que ambos se han vuelto grandes amigos.

Aldo recupera el conocimiento y pide ver a Neftalí, quien acude al hospital a llenarlo de alegría. Allí, Marta pide al jardinero que haga feliz a Aldo pues ella se encargará de Augusto y Elena, a quienes deja claro que no permitirá que se interpongan en la felicidad de su hijo. Neftalí revela a Marta saber su secreto, el cual guardará hasta que ella decida decirles a Aldo y Juan Pablo que es su madre y que su nombre no es “Esperanza”.

Odette aconseja a Amador que tenga paciencia con Marta pues la mujer lo ama pero su primordialidad son sus hijos. El hombre habla con Augusto, a quien le cuenta como fue el crimen contra su hijo y lo mucho que Marta ha sufrido injustamente. Augusto, obsesivo, jura que jamás permitirá que la mujer le arrebate a sus hijos, los cuales la creen muerta. El abogado asegura que Juan Pablo está al tanto de la verdad y llegará el momento en que querrá ver a su madre al saber que ésta es inocente de lo que se le acusó y está viva. En ese momento aparece el joven sacerdote, quien eige ver a Marta. Augusto lo prohíbe y Amador pide al muchacho que lo busque después. Abuelo y nieto discuten y Augusto se alarma cuando Juan Pablo le dice que si su madre es inocente y en verdad quiere verlos, él mismo le contará la verdad a Aldo.

Zacarías teme a que Juan Pablo se aferre al amor de madre que Marta le ofrece y acude a ella para decirle que el joven sacerdote se siente confundido. La mujer decide entonces que quizás debe dejar de hacerse pasar por una simple amiga y decirle la verdad a su hijo. Amador asegura que ni Juan pablo ni Aldo tienen algo qué reprocharle pues ella es inocente de lo que la culparon, a demás que su hijo mayor ya sabe que es inocente y que se encuentra libre.

Leticia está harta del oportunismo de Rodrigo, al que pide que la deje tranquila ahora que ha enviudado y se encargue de fastidiarle la vida a alguien más. El hombre se consuela con Carolina, a quien ofrece su ayuda y de quien se encariña en poco tiempo, llenando de felicidad a Isabel y Braulio, quiene consideran al hombre alguien digno con quien emparentar.

Trinidad habla con Zacarías, revelándole que Marta en realidad es la verdadera madre de Juan Pablo y Aldo, por lo que el sacerdote entonces comprende muchas cosas y acude a Elena, para aconsejarle que diga la verdad y acabe con la infamia que Marta Ledezma ha padecido durante tantos años. Elena jura que nunca se sabrá la verdad.

Augusto amenaza a Odette, a quien jura que si no hace que Marta se marche de Puebla y se olvide de recuperar a sus hijos, se encargará de desaparecerlas a las dos. Odette no le teme y lo enfrenta. Él intenta golpearla pero Neftalí la defiende, recibiendo insultos por su homosexualidad, por parte del hombre. Aparece Marta, quien lo enfrenta y lo echa del lugar confesándo que la hora ha llegado y toda la verdad se sabrá. y jurándole que no permitirá que le arrebate el cariño de sus hijos.

Juan Pablo logra que Elena se altere preguntándole sobre su madre. La mujer le exige al sacerdote que no hable de esa mujer pues Aldo podría escucharlos pero Juan Pablo cree que es tiempo de que su hermano sepa la verdad pues cree saber en donde se encuentra su madre y que ésta ignora su existencia. Cuando Elena le cuenta a Augusto lo que le dijo su hijo éste cree que es tiempo de abandonar Puebla y buscar un nuevo lugar donde vivir. Lo habla con Aldo, quien se reúsa a marcharse y les deja claro a sus padres que él permanecerá en la ciudad. Augusto le jura entonces que si no se marcha con él y Elena, se encargará de matar a Neftalí. Son escuchados por Marta, quien alienta al hombre para que lo haga y entonces padezca en carne propia lo que ella padeció al pasar tantos años en la cárcel. Nuevamente se enfrentan y Juan Pablo intercede, defendiendo a Marta y dejando claro a sus padres que él y Aldo son lo suficientemente mayores para elegir en donde y con quien quieren estar. A solas, Elena pide a su marido que se resigne y acepte la verdad, pues el hijo de ellos murió y Juan Pablo y Aldo son sus nietos y merecen estar al lado de su verdadera madre. Augusto llora lleno de frustración, aferrándose a su mujer, confeando odiar a Marta porque ésta le ha arrebatado a todos los que ha querido.

Amador habla con Juan Pablo, a quien revela saber donde está su madre y haber comprobado su inocencia. El sacerdote cree que la verdad se debe saber y que su madre por fin deje de vivir en una pesada angustia por lo que pide a Elena que ella hable con la verdad ante Aldo. Son sorprendidos por Augusto, quien abofetea a su hijo y le echa en cara todo cuanto le han dado. Juan Pablo se lo agradece pero cree que su deber es estar al lado de su madre, de estrechar su mano, sentir su amor, y no aparentar que es hijo de los que en realidad son sus abuelos y los adoptaron a él y a Aldo. Augusto asegura al muchacho que su madre es una asesina que no merece estrecharlo ni llamarlo hijo, El sacerdote, furioso, asegura que eso no es cierto pues sabe que su madre demostró su inocencia y ha quedado en libertad. No sospechan que Aldo los ha escuchado y lleno de confusión piensa a solas y deduce que su madre quizás pueda ser “Esperanza”, pues desde que la conoció se sintió enganchado a ella. Se lo cuenta a Neftalí, quien le revela saber la verdad pero no poder decírsela por haber hecho una promesa.

Marta es agredida por Augusto pero Juan Pablo la defiende y confiesa que él siempre sospechó que ella podría ser su madre. Asegura comprender y perdonar a la mujer. Madre e hijo se abrazan, se besan. Elena se enternece y se une a ellos pero no Augusto, quien busca a Aldo y lo sorprende en brazos de Neftalí, comprendindo que ya lo ha perdido definitivamente. Intenta golpear al ex jardinero pero Aldo se interpone y asegura que ni la muerte cambiará el amor que entre ellos existe, así como saber que no es su hijo, si no de Marta, a quien quiso desde el momento en que la conoció a diferencia de él, al cuál siempre ha odiado. Elena apoya a su nieto por lo que al saber que es rechazado por todos Augusto se encierra en su despacho y se suicida, llenando de dolor a su familia. Marta intenta consolar a sus hijos pero es rechazada por Aldo, quien se niega a ser el hijo de una asesina. El muchacho es reprendido por Juan Pablo, quien le exige que se disculpe con su madre. Aldo jura que nunca la perdonará pero el cura le hace saber que la mujer ha sufrido por ellos y pudo demostrar que fue culpada injustamente y a pesar de la lejanía no ha dejado de amarlos. Marta llora y jura a sus vástagos que siempre los ha amado y los amará por todas las eternidades. Se refugia en brazos de Amador, quien la besa y le suplica que no lo torture más pues él le ha demostrado de todas las formas que la ama. Ella le suplica que no le haga las cosas más difíciles y confiesa saber que nadie la ha amado como él, pues fue el único que creyó en su inocencia y luchó para demostrarla, dándole así a conocer que la ama sinceramente.

TIEMPO DESPUÉS: Rodrigo y Carolina terminan su relación pues la muchacha ha descubierto que no lo ama. El hombre comienza a visitar el restaurant del hotel, donde hace amistad con Odette, quien no le es del todo indiferente, mientras que Carolina, por medio de Aldo y Neftalí, conoce a Simón.

La relación entre Marta y su hijo mayor y conviven demasiado. Juan Pablo pide a su madre que acepte el amor de Amador, el cual la ama verdaderamente y ha sido capaz de todo para demostrarle que el amor es para siempre. Marta acepta entonces ser la esposa del hombre, quien habla con Doña Paloma, su madre, a quien le dice que después de más de veinte años por fin la mujer a la que siempre le ha amado le ha correspondido y aceptó casarse con él. Paloma se siente feliz por su hijo y le ofrece absolutamente todo su apoyo. Acude a Marta, a quien desea que por fin sea feliz y su hijo sea parte de esa felicidad.

Odette comienza una relación con Rodrigo a pesar de que Leticia no está de acuerdo mientras que, por su parte, ésta intenta buscar a Simón, quien la rechaza por haber encontrado la felicidad al lado de Carolina, quien discute por sus padres porque éstos no aceptan al muchacho, mucho menos Isabel, quien padece el desprecio de Elena por tal situación, a demás de que su familia pasa por altibajas económicas. Isabel lamenta que Elena se muestre tal cual es y con sus actos le haga saber que en realidad nunca han sido amigas.

Marta intenta acercarse a Aldo, quien a pesar de los consejos de Neftalí la rechaza y no hace más que menospreciarla. La madre, desesperada, sale del lugar y al ir por la carretera no se fija y es atropellada. Amador y Juan Pablo la encuentran y llaman a una ambulancia. La mujer es internada en el hospital, donde se debate entre la vida y la muerte y solo pide ver a Aldo pues cree que morirá y no desea hacerlo sin su perdón. Juan Pablo le avisa a su hermano del accidente que su madre sufrió y cómo se debate entre la vida y la muerte. Aldo se niega a ir al lado de la mujer y confiesa odiarla pero el sacerdote le hace ver que la mujer fue acusada injustamente, que pagó por un crimen que no cometió y todo por un vividor que se casó con ella por su dinero, esperando que su hermano no corra con esa misma suerte pues también ha decidido hacer su vida con un hombre de distinta sociedad a la de ellos, tal y como lo hizo Marta, por amor, misma razón por la que fu rechazado así como una vez rechazaron a su madre. Aldo llora y acude a Marta, a quien abraza y besa, suplicándole perdón, A ellos se une Juan Pablo y los dos muchachos la llaman mamá. Desde ese momento las vidas de la madre y sus hijos comienzan a tomar un nuevo rumbo.

Elena habla con Zacarías, al que confiesa no resignarse a la soledad ni al haber perdido a su marido, a su hijo y sus nietos. El sacerdote la invita a acercarse más a Dios y pedir perdón de corazón, por lo que la mujer acude a Marta y le pide perdón por el daño que tanto ella como su marido y su hijo le hicieron. Ambas deciden ser amigas y Elena conoce a Paloma, con quien hace buena amistad y quien le hace comprender el dolor que tanto ella como Marta han padecido injustamente tras haber perdido a sus hijos.

Leticia está dispuesta a dejar el pasado atrás por lo que se marcha lejos, a donde pueda empezar de cero, dejando a Rodrigo a su suerte. Este no tiene más remedio que sentar cabeza y comenzar a trabajar, inspirado por Odette, quien llena de amor se ha propuesto transformarlo.

Elena y Amador viven intensamente su amor, a la par que ella lleva una buena relación con sus hijos, a los que disfruta intensamente. Al paso del tiempo la mujer se viste de novia y acude a la catedral, donde se casa con su eterno enamorado siendo bendecido ese amor por el mismo Juan Pablo, quien oficia la misa y hace saber que todo es posible y recompensado por Dios cuando se lucha por su sangre.


FIN


NOVELAS CIBERNÉTICAS MMIV
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